
Te metiste un clavado sabiendo que era una piscina para enanos...
pero qué r i c o estás.


Ahí... sólo P sabe lo que pasa y la deja.
Así que en este momento pudo pensar en cualquiera porque ninguno estaba, pero caprichosa como siempre decidió darse la contra sin saber del afán que tienen las sorpresas con los últimos y primeros días del año.
Hola C, nos vemos pronto.
O debería decir: Preciso y gracias.

Bueno P, te diré que es una perfecta imagen de por qué debiste hacer lo que te dije desde el principio y aunque no es tan obvia que digamos, espero hacerte entender un poquito mejor porque las advertencias se dan gratis y ya sabemos que las ofertas no duran para siempre.
Digamos, en una retorcida realidad, que esta imágen se sitúa en Lima, es más, es exactamente la calle entre un parque (el árbol de la izquierda) y mi casa (a la derecha). Vemos entonces una parte de Lima la gris algunos años atrás (no nos pongamos a hablar del tiempo porque la situación sería la misma) con los carros que van y vienen, parece una tarde cualquiera... cuando de pronto suena el teléfono y me preguntas si puedes venir.
"No mi vida, no vengas a verme hoy" - te digo, pero no. ¡Qué terquedad la tuya! (aunque suene un poco irónico viniendo de mi parte, supongo que hoy hablamos de tí).
Agarras un sombrero para el frío, eliges tu mejor saco, el pantalón más cómodo y para esta ocasión tan especial, ese par de exquisitos zapatos nuevos con los que puedes bailar, correr y saltar de maravilla, pero que por nada del mundo puedes mojar, te arriesgas.

Pero no, Mr. Right y yo somos como dos fuerzas incontrolables una sobre la otra tratando de tener la razón constantemente mientras yo rechazo simplicidades y él me tira contra la cama para hacerme entender, entonces yo le digo "me gusta conmigo encima", entonces él no tiene por donde perder, yo no quiero despertar.
"¿Por qué las prefieren?" - pregunto, "dejando de lado toda lógica sobre las consecuencias de una demente entre las piernas".
Y aquí viene uno de mis preciosísimos:
- "Porque son altamente corrompibles".
Entonces debo ir a la cama con eso dándome vueltas en la cabeza, debo dejar las zapatillas bajo ella para que las paredes se aclaren por sí solas y debo aceptar que lo dijo todo, como es costumbre: always right.
Así, con mi última oración y los ojos semi cerrados le pido "uno como ellos" a aquella cortísima posibilidad que me dan Sid y Kurt mientras me quedo dormida.
- ¿Uno como nosotros?... uno como nosotros se mataría.
Ya no fabrican, ya no nos compran, ese es el problema.